Oportunidades en tiempos difíciles

“Hemos inflexibilizando trabajos de forma innecesaria, gastando tiempo y dinero en desplazamientos y obligándonos a ir con la lengua fuera y a contrareloj, para conciliar el trabajo, con en ocio y la familia.”

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Laura Capdevila Educadora física

Mi amigo Boris me ha pedido que escriba un pequeño texto hablando sobre mi experiencia con el teletrabajo. Me sorprendió mucho cuando me dijo que era un buen ejemplo porque nunca pensé que mis humildes intentos por salir adelante fueran ejemplo de nada. Pasada la sorpresa inicial – reforzada además porque Boris disfruta riéndose con cariño de mis desgracias profesionales – entendí que, contra todo pronóstico, encontrar alegría en el teletrabajo, es toda una muestra de rebeldía en el momento histórico y social en el que nos encontramos.

Hemos inflexibilizando trabajos de forma innecesaria, gastando tiempo y dinero en desplazamientos y obligándonos a ir con la lengua fuera y a contrareloj, para conciliar el trabajo, con en ocio y la familia. La definición que la rae da a “cuarentena” (por motivos sanitarios) empieza por la palabra aislar, y es una pena que se asocie el aislamiento con teletrabajo, cuando este (llevado a cabo de forma planificada) nos permite, precisamente, todo lo contrario: ganarle tiempo al tiempo para compartir momentos con esas personas de las que el aislamiento nos está separando.

Muchas gracias por darle espacio a mis palabras, y por darme un argumento de peso para rebatir todos tus intentos por minar mi autoestima: “Cállate Boris, que soy un gran ejemplo. Tú mismo lo dijiste”.